África reconoce que la moral y la ética son parte del comportamiento humano y nuestro carácter.
No lo distinguen como se lo distingue en las lenguas occidentales, para ellos lo que hacemos es lo que define todo lo demás.
Cuando un hablante de la lengua akan quiere decir “No tiene moral”, “Es inmoral”, “No es ético”, “Su conducta no es ética”, casi siempre dice “No tiene carácter” (Onni suban).
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La afirmación “No tiene moral” o “No es ético” es expresada por un hablante de la lengua ewe como nonomo mele si o (que significa “No tiene carácter”).
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En la lengua y el pensamiento yoruba, la palabra iwa significa tanto carácter como moralidad (también significa “ser” o “naturaleza”).
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En la lengua igbo del este de Nigeria, la palabra agwa, que significa carácter, se utiliza en una afirmación como “no tiene moral” (onwe ghi ezi agwa).
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En shona, la lengua hablada por una mayoría sustancial de la población de Zimbabue, la palabra tsika significa “ética” o “moral”. Pero cuando quieren decir de una persona que “no tiene moral”, o “no es ético”, suelen utilizar la palabra hunhu, que significa directamente ‘carácter’. Así, Haana hunhu significa “No tiene carácter”, “No es moral”, “No es ético”.
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En sotho del sur, lengua muy hablada en Lesotho y en el sur de Zimbabue (Matebeleland), no hay palabras que equivalgan directamente a “ética” o “moral”. Las referencias a la vida o el comportamiento moral o ético se hacen utilizando palabras que significan comportamiento o carácter.
Así, afirmaciones morales como “no tiene moral” o “su acción no es ética” se expresarán con palabras como maemo, que significa carácter o comportamiento: así, maemo a mabe significa “tiene mal carácter”, “su comportamiento (acción) no es ético”.
Cuando una persona se comporta (o actúa) de forma moralmente correcta, se diría que “tiene buen carácter”, utilizando las palabras lokileng o boitswaro, que significan ambas buen carácter o buen comportamiento.
Las máximas africanas son explícitas sobre la formación del carácter: el carácter se adquiere. Por tanto, una persona es responsable del estado de su carácter, ya que éste resulta de las acciones habituales de una persona.
Una máxima akan dice que “uno no nace con mala ‘cabeza’, sino que la toma de la tierra”.
La máxima significa, entre otras cosas, que un mal hábito no es una característica innata, sino que se adquiere. Y puede, según los sistemas morales africanos, cambiarse o reformarse.
Los pensadores akan definen el carácter en términos de hábitos, que son el resultado de los actos o acciones de una persona: Según un pensador tradicional akan, “el carácter proviene de tus actos” (o hechos: nneyee).
La lógica de la adquisición de nuestro carácter o hábitos es que la naturaleza original del ser humano era moralmente neutra, ni buena ni mala. La neutralidad moral original de una persona se verá afectada a lo largo de su vida, en una dirección (la buena) o en otra (la mala), por sus acciones y respuestas a la instrucción moral, el consejo y la persuasión.