Aunque me esfuerce por tapar una emoción en un momento dado, ella ya está allí y debo darle el lugar que se merece de la manera más beneficiosa posible para mí y el entorno.
Por más que queramos, no podemos anular las emociones, nos guste o no sentirlas, ellas son parte de nuestra riqueza como seres humanos.
Todas las emociones sirven para algo, vienen a decirnos, a alertarnos, a enseñarnos sobre algo.
No existen las emociones negativas o positivas, las emociones son. Su función es similar a la del tablero del auto cuando se enciende por algo: nos viene a avisar de algo que tenemos que atender (y que no hacerlo podría tener consecuencias más o menos indeseadas).
La inteligencia emocional es la capacidad de sentir, reconocer, distinguir y expresar equilibradamente mis emociones. Y, como consecuencia, modificar estados de animo propios y ajenos. Ya que también se traslada a saber identificar la emoción del otro (empatía).
Aprendemos inteligencia emocional cuando logramos identificar y expresar nuestras emociones de la mejor manera posible, y acompañar al otro en su momento emocional.
Y, mejor aún que eso, si aprendemos a transformar las circunstancias exteriores. ¿Cómo? A través de un estado de conciencia presente, logramos transformar nuestra interpretación de las circunstancias, transformamos el impacto del exterior en nuestra mente eligiendo voluntariamente darle otro significado; dicho de manera simple, elegimos conscientemente cómo queremos tomarnos lo que pasa afuera.
Podemos hacerlo si gravitamos en un estado de consciencia presente de momento en momento. Es muy importante volverse vigilantes de nuestros pensamientos, ya que ellos son disparadores de emociones. Y, al ser la emoción una energía muy rápida, si no estamos atentos nos puede jugar una mala pasada. Por ejemplo: si algún suceso exterior o algún pensamiento que tengo me provoca alegría o entusiasmo, ¡está genial! Ahora, si me pierdo, me fascino con eso, corro peligro de caer en la euforia, que me produce pérdida de foco, de energía y de contacto con el entorno. Lo mismo si me dejo dominar por una emoción de enojo, puedo terminar en problemas conmigo mismo o con los demás.
Al estar presente y por ende identificar una emoción que estoy sintiendo en un momento dado, puedo lograr tomar sus riendas y así expresarla de la mejor manera posible. Incluso puedo identificar que es lo que gatilló esa emoción en mí, ya sea un evento exterior o interior. Así me voy conociendo más a mí mismo y por ende respondo cada vez mejor a las circunstancias.
Si no estaba consciente y la emoción se está manifestando en mi interior con mucha intensidad, es importante conocer que herramientas tengo para lograr canalizarla. Por ejemplo, ejercicios de respiración consciente.
Hay mucho que debemos desaprender respecto a nuestro emocionar habitual. Puede que de chico en mi casa se censuraran ciertas emociones, lo que terminó generando en mí mismo creencias limitantes acerca de ellas y, por ende, mala gestión emocional. Si, por ejemplo, en casa enojarse estaba mal, al crecer con ese patrón en mi mente, es probable que ahora -si no logré desaprender eso- me pase que al sentir enojo, lo reprima, generándome malestares físicos, o que, si lo expreso, luego sienta culpa por eso, cuyas consecuencias tampoco son constructivas para mí mismo ni para el entorno.
Es fundamental comprender que una emoción dada puede agradarnos o desagradarnos, pero en sí las emociones no son ni buenas ni malas, simplemente son. Y de hecho, son un material magnífico y creador de nuestra vida interior (y por ende exterior). Un individuo que se permite sentir y aprende a canalizar sus emociones de manera habilitante, goza de una vida mucho más plena que alguien que las reprime y/o se deja dominar por ellas.
Como cultivar emociones superiores
Es importante tener en cuenta que nuestra calidad de vida depende mucho de la calidad de nuestros estados emocionales.
Una persona que vive en un estado emocional de resentimiento, o con una constante de pensamientos y expresiones de queja, no podrá generar estados de inspiración ni resultados en su vida que lo inspiren.
En cambio, alguien que se decide a vivir en un estado de conciencia que le permita ser dueño de sus actos, dichos, pensamientos, emociones, puede y se gana el derecho de generar sus propias circunstancias de vida, a través fundamentalmente de las dos emociones superiores más poderosas: el amor y la fe. Se convierte en un creador de su propia vida, de una vida diferente, más plena y feliz, en lugar de ser otra víctima más de las circunstancias exteriores.
Algunos tips:
- evitar permanecer mucho entre personas quejosas, resentidas, malhumoradas, etc
- dedicar tiempo a escuchar música de calidad que a uno lo inspire, lo haga sentir muy bien; mejor si esa música es instrumental (son conocidos los beneficios del llamado “efecto Mozart”). Y hacer música también, por supuesto.
- hacer vocalizaciones (mantras por ejemplo) colocan a uno en una vibración superior, sin duda alguna.
- pasear por la naturaleza, entre los árboles, las mascotas, contemplar el atardecer.
- practicar la presencia y la meditación, ayuda a estar más atentos y así lograr captar las emociones cuando surgen.
- distinguir que pensamientos, interpretaciones, opiniones, juicios, repito diariamente para saber qué tipo de emociones me generan. Y, en base a eso, desechar todo lo que no me genere inspiración, motivación, bienestar. De ésta forma, voy rompiendo los “caminos neuronales” formados en mi cerebro, y empiezo a generar las nuevas conexiones que construyen las emociones que quiero sentir y por ende la calidad de vida que quiero vivir.
¿Cómo te llevas con tus emociones?